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domingo, 19 de octubre de 2014

!No estáis Solos!



"... Pero lo verdaderamente importante no siempre se escribe. Es más, creo que tengo dificultades para expresarlo con palabras hasta en la más segura de las intimidades. 

Estar disponible, deja huella. Solo desde la espiritualidad se puede entender. Vas tú, pero vuelves de otra forma. Más allá del bagaje de la experiencia aventurera, ha sido el encuentro con las personas y el estar dispuesto a vivir en comunión con otros. Te hace cambiar, querer al otro y estar también dispuesto a mejorar como persona. Y hacerte cercano, más allá de la lejanía física, con aquellos que te pueden enseñar lo importante de la vida: ama y se feliz.

Una palabra: Gracias. Un deseo: Ojalá pueda volver. Estaré atento. Un gesto: la sonrisa y el cariño nos hace ser personas y nos reconoce en nuestra dignidad.

A todos los misioneros y misioneras: ¡No estáis solos!"  Fernando León  (Voluntario en Bolivia)

domingo, 17 de noviembre de 2013

Noticias de Marta desde Jean Rabel



"El aterrizaje y el día a día de Marta"


Mi vida nunca volverá a ser la misma. Lo supe desde que puse un pie fuera del aeropuerto y me adentre en la caótica Haití.
Desde ese mismo instante el mundo se ha dado la vuelta, o mejor dicho la he dado yo en su lugar: el corazón se te dispara, el tiempo se para y dejas de contar los segundos para empezar a contar historias.

Comienzas a vivir al día y a apreciar cada gesto, cada mirada, y hasta que el sol siga saliendo todos los días.
Haití es sin duda la indigestión de realidad. Ellos te ensenan a cosechar paciencia y a darle a cada cosa la importancia que se merece, a que con pequeños detalles el mundo puede ser un sitio más bonito para vivir y la vida un autentico regalo.


Creo en todo lo que veo, creo en ellos, los haitianos, que con su coraje van haciéndose un hueco en este mundo de locos, pero, sobre todas las cosas creo en ellas, Nazareth y Rose (las dos religiosas de Jean Rabel), que son el corazón de toda esta historia y que sin ellas nada de esto seria posible. Ellas le han dado la vuelta a todo, le han dado un nuevo significado al verbo vivir y sobre todo le han dado dignidad a cada uno de ellos que esta por encima de todas las cosas.


Haití hay que tocarla,olerla y saborearla. Aquí te das cuenta de que sentías a medias y de que lo que no se mueve enferma, así que solo espero que este solo sea el comienzo de muchas increíbles experiencias y como dice una canción: que las turbinas de este avión nunca me fallen."


Marta Rodríguez (Voluntaria de Jesús-María en Haití)

domingo, 20 de octubre de 2013

Nazaret Ybarra, misionera, religiosa de Jesús-María

ALMA MISIONERA, CORAZÓN SOLIDARIO


Carismática, comprometida, transparente, realista, luchadora y sin miedo, la religiosa española Nazaret Ybarra trabaja en proyectos sociales en Haití desde el año 2000 con el objetivo de dignificar a la persona con educación y trabajo.



La religiosa española Nazaret Ybarra lleva 13 años trabajando con los más desfavorecidos en Haití.
A los pobres de verdad hay que ir a buscarlos”, asegura Nazaret Ybarra, religiosa de la Congregación de Jesús María. A eso se dedica desde hace 13 años en Haití: a buscar a los más desfavorecidos, los pobres entre los pobres, y a ayudarles a conseguir un futuro mejor a través de la educación y el trabajo. Después de pasar 18 años en Bolivia, cuando llegó a Haití dice que estuvo “un mes sin poder hablar”. “Venía de Bolivia que era muy pobre, pero aquí era miseria”, explica mientras recuerda el impacto del “olor a pobreza”. No sabía el idioma y tenía 60 años, pero eso no la frenó y pensó de qué manera podía conseguir la dignificación de las personas a través de una ocupación que, además, les proporcionara ingresos para sobrevivir en el país más pobre de América. Así nació el taller de arte de Gros Morne, su primer destino en Haití, donde un grupo de jóvenes de la localidad pintan cuadros y distintos productos de madera. Fue el primer proyecto que puso en marcha Nazaret en el 2000 y que sigue funcionando. Dos años después la Congregación decidió crear otra comunidad en Jean Rabel, una población al Noroeste del país, donde viven unas 120.000 personas. “Darles autoestima y que se sientan como personas, porque algunos no se sienten como tal” es el objetivo de los proyectos que se impulsan en Jean Rabel, señala Nazaret, quien cuenta que los haitianos “no quieren mirar hacia atrás, porque sólo hay miseria, esclavitud y pobreza”. En estos años en Haití esta religiosa española, nacida en Sevilla en 1939, ha aprendido “el valor impresionante de la capacidad de resistencia y el aguante que tienen ante la vida difícil; siempre siguen luchando y tiran para adelante”. Para ella lo más duro es enfrentarse a diario a “la injusticia y la indiferencia de los demás ”ante ésta. “Así son las cosas”, suele escuchar cuando denuncia alguna. El pobre es la preferencia que tiene esta comunidad a la hora de ayudar, no miran la confesión religiosa. En Jean Rabel junto a Nazaret está Rous Kelly, una religiosa irlandesa con la que comparte esta misión desde hace siete años. “ Cuando tenemos algún problema salimos a dar un paseo y a hablar con la gente, para ponerlo en su lugar, en justa medida”, cuenta. Jean Rabel es un lugar tranquilo, aunque es una de las regiones más pobre de Haití. No sufrió los efectos del devastador terremoto de enero de 2010, aunque allí se refugiaron personas de zonas afectadas. Rous está inmersa en los proyectos educativos que han impulsado. Han creado seis escuelas, favorecen la escolarización a través de becas y tienen un programa de alfabetización para adultos. Nazaret se encarga del taller de costura y artesanía en el que trabajan unas veinticinco mujeres. “La autoestima en el taller es muy importante; ellas van a llevar un sueldo a casa sin ayuda del marido, hacen cosas muy bonitas por ellas mismas y es muy importante decirles que están muy bien hechas”, señala.

Este verano María del Mar Carles, también religiosa de Jesús-María, ha pasado un mes y medio en Jean Rabel ayudando en el taller de mujeres y cuenta que “trabajan casi sin respirar, son muy sufridas y no valoran su propio esfuerzo y las cosas que hacen”. Pero también las ha visto “ilusionadas” con algunas cosas nuevas que han hecho y cree que “eso es una señal”.

Proyectos

La idea de Nazareth y Rous es hacer proyectos que permitan crear empleos y que sean sostenibles en el tiempo. No les gusta dar porque sí. “Pedir limosna es rebajarse a algo que no me gusta”, defiende la religiosa española, quien comenta que “a decir ‘no’ se aprende diciendo que no; la vida te va enseñando que eso tiene su ciencia”. De esta manera, además de las escuelas y los dos talleres, para ayudar a que las familias tengan un medio de subsistencia, se han puesto en marcha otras muchas iniciativas. Entre ellas se encuentran las huertas familiares o el pequeño comercio. En el primer caso se entrega a estas familias una donación de 150 dólares para que puedan crear una huerta con la que obtener alimentos que puedan luego vender o utilizar para su propio consumo.
Por su parte, el pequeño comercio consiste en un préstamo de 250 dólares para que una familia pueda crear un negocio. El dinero se va devolviendo en cuotas periódicas y lo que se consigue con los intereses se reinvierte en ésta u otra iniciativa. Otro proyecto es el de los cabritos, y a las familias que se benefician del mismo se les regala uno de estos animales, cuyo coste oscila entre los 60 y 70 dólares, y la primera cría se le cede a otra persona. A todo ello se une la construcción de casas para las familias más pobres, que constan de dos o tres cuartos y letrina. Éstas han de aportan el terreno y 1.000 dólares para materiales, y del resto (unos 4.000 dólares) se encarga la Congregación. Con esta iniciativa, además de dar una casa a familias que la necesitan, se mantienen puestos de trabajo en Jean Rabel, pues los obreros y los materiales son locales. Ya se han construido cerca de 800 casas. Pero en el presupuesto anual de la comunidad siempre queda un remanente para imprevistos, por si es necesario financiar alguna operación o comprar medicinas para casos urgentes o cubrir las necesidades básicas de familias que presenten dificultades especiales.


Un verano en las misiones.

 Por la casa de Nazaret y Rous han pasado en estos años casi medio centenar de voluntarios. Jóvenes y mayores que quieren vivir de cerca la realidad de Haití y echar una mano, aunque son conscientes de que es sólo un grano de arena en una inmensa montaña.
Este verano un grupo de españolas ha pasado un mes y medio en Jean Rabel. Entre ellas se encuentra Leonor Gómez, una abogada madrileña de 24 años, que explica que “esta experiencia ha sido un regalo, me siento afortunada de haber podido venir; hay tanto que ver, escuchar, oler y tocar”. “Me llevo un país que sufre pero que no deja de enseñarte cosas”, dice Leonor, que en estas semanas ha dado clases de idiomas a jóvenes, ha hecho actividades con niños en colegios de la zona y ha participado en un taller de manualidades con chicas de Jean Rabel. “Hemos vivido con ellos, todo lo que hemos hecho ha sido con ellos”, agrega. Elena Sánchez, una maestra sevillana de 30 años que también ha pasado este verano en Jean Rabel, destaca haber podido “compartir la vida con otros desde la cultura de cada uno, dejándote tocar por la realidad y buscando un mayor compromiso en la vida y una mayor coherencia en el ser y en el actuar”. Leonor, Elena y María del Mar coinciden en la fortaleza y carisma de Nazaret. "Está entregada a los demás, es medio para facilitar las cosas a la gente, al niño a ir a la escuela y al joven a que aprenda un oficio, y te hace ver la importancia de tratar con dignidad a todas las personas”, asegura Leonor. “Es una loca sensata, porque se atreve con proyectos en lugares donde otros no se atreven, pero lo hace con sensatez y siendo práctica, transmitiendo pasión por las cosas”, dice Elena. Para María de Mar, es una suerte que esté en la Congregación de Jesús María porque “lucha por los más pobres, vive con transparencia, tiene mucho carisma, espíritu y fuerza, y eso contagia vida; es un don”. La misionera española considera que la experiencia “hace mucho bien al voluntario, que queda impactado por la pobreza, se llevan un sentimiento muy fuerte de lo que hay aquí y que en algunos casos supone un cambio en su vida”. Sin embargo, explica que en Haití “la gente sabe que los voluntarios vienen y que se van a ir, que no hay una continuidad”. “Los voluntarios dicen que les ha cambiado la vida, pero nunca he oído decir a nadie de aquí que alguno le haya cambiado la vida, aunque todos los recuerdan”, añade.
“No me cambio por nadie” Es una mujer fuerte y que no tiene miedo, pero a Nazaret le duele la imagen de Haití en el extranjero. “Es como cuando uno pasa por delante de un basurero, la gente no mira y se tapa la nariz; nadie quiere saber lo que pasa aquí. Se preguntan por qué tanta pobreza cuando tienen al lado Cancún, República Dominicana o Miami, cómo es posible tanta diferencia”. En este sentido, denuncia que los haitianos son “pobres empobrecidos”, que parece que interesa que el país sea un “cajón de sastre donde van las cosas que no quiere nadie”. Según la misionera, “Haití cambiará el día que los haitianos quieran, no el día que quiera la Unión Europea, Estados Unidos, Francia o Canadá”. De esta manera, reconoce que “lo nuestro es ayudar, pero no nos hagamos ilusiones de que vamos a transformar Haití. Cuando tienes un problema en casa quieres arreglarlo tú; dejémosles a ellos querer”. “Soy feliz, no me cambio por nadie”, asegura con rotundidad Nazaret. A la pregunta de qué se necesita para ser feliz responde: “Tener un motivo grande por el que dar la vida”. Nunca ha pensado en abandonar la misión en Haití, seguirá hasta que Dios quiera. “Estar cerca de la pobreza hace que tu vida esté con los pies en la tierra”, dice la religiosa, una mujer que agradece “la suerte enorme de poder vivir donde hay lo mínimo”.    
Artículo de Belén Porras, revista Perfiles ( periodista y voluntaria de Jesús-María en Jean Rabel este verano) .


sábado, 21 de septiembre de 2013

Experiencia en Bolivia



EXPERIENCIA BOLIVIA



Hola, soy Manuel Montoro y este año he estado de voluntario en Bolivia. Ha sido mi primera experiencia internacional como voluntario después de estar años persiguiendo esta oportunidad. La necesidad de hacer esta obra ha sido muy fuerte y este año ha sido la ocasión para ir a ayudar con mucha ilusión y fuerza.

Yo he estado en Arani (durante las vacaciones invernales) y luego en Kami, he estado con Luis Ortuño (también profesor de un colegio Jesús María) muy buen amigo y persona, gracias Luis por hacerme no solo de guía sino de compañero.


En Arani, fue una experiencia única, en la casa hogar de Arani, recuerdo con los ojos llorosos, las miradas felices y los abrazos de los niños, el gran papel de las mujeres que trabajan allí, las horas de clases, de juegos y películas que compartí con esos niñ@s.


En Kami, pudimos ver y conocer como es la parte montañosa de Bolivia, mucho más dura, introvertida y seca. Poder acostumbrarte allí a vivir, a ayudar, a trabajar, requiere tiempo y ojalá hubiera dispuesto de más tiempo. Conocer un vasto territorio en tan poco tiempo, es como conocer a alguien en poco tiempo, te quedas con la sensación de que te vas rápido.


Luego estuve en Cochabamba y en Santa Cruz de la Sierra, dando testimonio en los colegios de Jesús María de lo que había hecho , fue muy bonito, porque volví a sorprenderme de las diferencias culturales, geográficas y personales que existe en este bonito país.


¿recomiendas la experiencia? SI, recomiendo vivir a la luz de los valores que uno tiene, valores como la compasión, educación, desarrollo, esfuerzo...han sido compartidos con mucha gente con la que he convivido allí, y poder compartir esos valores hace crecer como persona.


No quisiera entrar en detalles, lo que hice allí se quedará allí, dar clases, ayudar a profesores, crear proyectos, apoyo personalizado, juegos, acompañamiento, excursiones...se queda allí porque lo que yo me he traído son grandes recuerdos y vivencias. El recuerdo de todas las hermanas de las comunidades de Arani, Kami , Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, que dan un gran testimonio de evangelización y de educación. Vivencias de estar perdido, bloqueado, vivo, feliz...de estar viviendo.

De verdad, muchas gracias, espero devolver con creces la confianza y las esperanzas depositadas.


Un abrazo muy fuerte



jueves, 29 de agosto de 2013

Experiencia de Cojimíes

Nuestra experiencia en Cojiníes


Después de colaborar como voluntarios en diferentes obras de Jesús-María en diversos lugares de América Latina, este año tuvimos el privilegio de poder hacerlo por vez primera en Ecuador, durante nuestras vacaciones veraniegas.
El lugar de destino era Cojimíes, una parroquia (división territorial ecuatoriana) del cantón de Pedernales, en el departamento de Manabí, en la costa del Pacífico. 

Cojimíes es un pueblo muy pobre, en un lugar geográficamente alejado. Está situado en la desembocadura de una ría. El pueblo, de pocos miles de habitantes, no dispone de red de alcantarillado, ni de agua potable. Son frecuentes los cortes eléctricos en la localidad. Sus calles no están asfaltadas y una parte importante de la población vive en maltrechas casas de madera, sobre-elevadas para evitar los nefastos efectos de las mareas o las crecidas de agua. En el pasado, Cojimíes había experimentado la devastación del huracán “El Niño”. 

Las religiosas de Jesús-María fundaron allí una comunidad no hace más de quince años, en unos terrenos de la diócesis, junto a la iglesia parroquial y una escuela de nueva construcción, adyacente. Al comienzo, la Comunidad de religiosas se dedicaba a servir dicha escuela. La imposibilidad de poder obtener financiación pública para mantenerla, obligó a cerrarla. En estos momentos, las instalaciones, que se conservan en perfecto estado gracias al cuidado con que son mantenidas, albergan las sesiones de catequesis de los distintos grupos de la parroquia, dirigidas por las religiosas, así como los encuentros semanales de los grupos de Infancia Misionera y América Misionera, las reuniones vecinales y, una vez a la semana, el ágape que se sirve a los ancianos pobres de la localidad. 


Desde un primer momento, nos sentimos cálidamente acogidos por la comunidad formada por las hermanas Cecilia, Amanda y Catalina, las tres de nacionalidad colombiana. Compartimos también la experiencia con Pilar y Felicidad, dos voluntarias de Valencia muy conocidas y apreciadas en Cojimíes por haber pasado mucho tiempo allí. Ellas colaboran en proyectos sanitarios, de infraestructuras y de integración social.
Nuestra misión principal consistió en organizar conferencias en las tres escuelas públicas de la localidad: Sucre-Mieles, Manuel María Sánchez y Escuela Fiscal Cojimíes. Las conferencias iban dirigidas a tres colectivos distintos: adolescentes, maestros y padres de familia. Las charlas a los estudiantes versaban sobre la responsabilidad y la toma de decisiones. Las que dirigimos a docentes, sobre la formación del espíritu de equipo, tan necesario en sus circunstancias, especialmente para vencer las dificultades a las que se enfrentan. Y con los progenitores hablábamos de cómo favorecer el diálogo con sus hijos. Ahí la asistencia estaba formada casi exclusivamente por madres, pues desgraciadamente no es frecuente en determinados entornos socio-económicos de América Latina como Cojimíes que muchos padres demuestren interés por la educación de sus hijos y acudan a las reuniones.
Constatamos la dificultad de los muchachos para encontrar la motivación necesaria en el estudio y en su futuro posterior, probablemente porque el medio social y familiar no fuera demasiado incentivador en ese sentido. Les animamos a hacerse preguntas y a perseguir con tesón lo que realmente deseaban ser. La desestructuración familiar, demasiado frecuente, no ayuda tampoco a sentar unas bases formativas sólidas. De ahí la necesidad de concienciar a toda la comunidad educativa sobre la complicidad que debe tejerse entre los estudiantes, las familias y la escuela. 
Los voluntariados son ocasiones únicas para compartir con las comunidades de acogida. En Cojimíes también nos hemos sentido muy honrados de poder hacerlo con las religiosas que tan amablemente nos abrieron su casa. Hemos compartido con ellas las oraciones y eucaristías, así como la mesa, las ilusiones y desafíos humanos y pastorales de cada día.
Tuvimos también ocasión de dirigir algunas sesiones de catequesis a niños y jóvenes de la parroquia, para quienes organizamos una velada sobre creatividad y contemplación. Asimismo, nos añadimos a distintas actividades de un grupo de jóvenes universitarios de Loja, una localidad ecuatoriana, que realizaban una semana de misión en Cojimíes.
Nuestra estancia sirvió además para conocer a varias personas de la localidad, que a pesar de la falta de medios, nos manifestaron siempre su amabilidad y simpatía. Una de ellas, para obsequiarnos y expresar su agradecimiento, nos organizó una expedición para ir al encuentro de las ballenas que se acercan a pocas millas de Cojimíes. La bravura del Pacífico, bien significativa en aquella jornada, y las pequeñas dimensiones de la embarcación en la que viajábamos, nos suscitaron una larguísima retahíla de oraciones silenciosas pero, finalmente, conseguimos ver, a pocos metros, unos excelentes ejemplares de cetáceos. El temor fue grande, pero al mismo tiempo, esos momentos resultaron extraordinarios.
Todo ello ha resultado, para nosotros, una gratísima experiencia y pensamos que para los destinatarios de nuestra acción también. Como el viaje hasta Cojimíes es largo, pasamos tanto a la ida como a la vuelta, por la comunidad de Quito. En la capital también pudimos comprobar en primera persona la calidez de la acogida, que como marca de la casa, nos dispensaron las religiosas que allí laboran.
A todas ellas y a cuantos tuvimos ocasión de conocer: ¡Muchísimas gracias!


Alfons Calderón y Josep-Maria Nogué


Agosto de 2013

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Haití... en nuestras vidas



“Mi experiencia, pues..un poco de todo. Mucho cambio, desde que llegamos, no parábamos de ver cosas que nos dejaban sin palabras, que no son fáciles de digerir ni de compartir. A mi personalmente me costaba acostumbrarme a eso, no entendía nada, no sabía cómo se podía vivir así, ni siquiera entendía cómo Nazaret podía estar allí entre tanta miseria y con tan pocas expectativas. 

Pero … poco a poco, todo va cambiando, el momento de oración y de poner todo en común fue haciendo efecto. 

He pasado por momentos de vacío, de ganas de hacer cosas, de querer irme de allí, de no querer volver aquí...en fin, de todo un poco. 

Sin duda… ha sido el verano mejor empleado de mi vida, creo que he aprendido mucho de esa sociedad, de esa vida y de Nazaret…” Rocío T.




“La verdad es que la experiencia resulta difícil de expresar, han sido tantas emociones, tantos encuentros, tantos momentos, que a la hora de escribirlos no sé ni por donde empezar...Ha resultado toda una experiencia personal y de encuentro con Dios en todos los lugares y en todas las situaciones.

Todos los días allí han resultado impactantes...pero a su vez había un sentimiento de que esa realidad calase hasta lo más hondo, de querer tomar a Nazaret como un ejemplo claro de entrega y amor a los demás, de formar parte de un grupo de voluntarios unidos por la misma causa...que todo eso hacia que cada día allí fuese mejor al anterior y que cualquier posición negativa sobre la experiencia… se viese calmada por la sonrisa de un niño o por una agradable conversación con las mujeres del pueblo.

Doy gracias por haberme planteado vivir esta experiencia porque aunque al principio tuviese dudas y no lo viese claro...al final ha resultado una de las mejores, por no decir la mejor experiencia de mi vida.” 

Esther M.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Mi experiencia en Tánger...

Ha sido increíble, he disfrutado muchísimo. Me he dado cuenta que a pesar de que era sacrificado, siempre estaba contenta. Y aunque uno se piensa que va allí a ayudar creo que las que me han ayudado han sido tanto los niños como Lolin, Tete y Carmen (la comunidad religiosa de Jesús-María de allí).
 Desde el primer día nos han tratado como si estuviéramos en casa, y hemos estado en total confianza con ellas, ha sido un gusto. Además, se han preocupado mucho de que nosotras estuviéramos a gusto con ellas, de hecho han tenido muchísimos detalles con nosotras, uno de ellos fue el día de mi santo, me regalaron una postal y unos pendientes y nos fuimos a cenar por ahí para celebrarlo. Son este tipo de cosas las que te hacen estar a gusto, ver que para ellas eres como una más, no eres una extraña que acaba de llegar allí.



Admiro además el proyecto que están llevando allí, me parece que tienen muchísimo mérito.


Era emocionante ver como las niñas disfrutaban como enanas con las cosas que preparábamos para ellas, verles la cara de felicidad no tiene precio.


Cuando hago memoria de todo esto, al final de lo que me doy cuenta es que no era tanto ir a ayudar a las  niñas del centro de acogida, DAR TIKA, si no que las que me ayudaban eran ellas.

En cuanto a mis  expectativas, desde hace mucho tiempo me quería ir de voluntariado,
había algo que me decía que tenía que tener esa experiencia, pero poco a poco lo fui

dejando hasta que ya el año pasado me di cuenta que o lo hacia este verano que ya había terminado la carrera o en cuanto empezara a opositar no iba a poder hacerlo. La sensación que tenia es que era algo que tenía que hacer una vez en la vida y una vez hecho ya me quedaba tranquila, y sin embargo me he dado cuenta que eso no es así, que esto no es como si ya hubiera aportado mi granito de arena y ya no hacía falta nada más. Ahora soy consciente de que es algo que te hace crecer como persona y que no es algo que yo quiera que se quede en el voluntariado. Estoy deseando tener unos días de vacaciones para volver a verlas, la verdad es que me han marcado.


Parece que el voluntariado se iba a quedar en Tánger, sin embargo, te toca tanto que no te puedes quedar indiferente en tu día a día. No es algo que puedas dejar atrás cuando llegas a España. Yo creo el proceso personal que he llevado pasa por reconocer lo que allí he vivido, hacer un parón y pensar en lo que allí ha sucedido.


Creo que lo que más me ha llamado la atención, es la sensibilidad de las niñas, parece que no se enteran de nada pero sin embargo son conscientes de todo. Todavía me acuerdo el día que una de las niñas nos vino a dar las gracias por haberla enseñado a patinar, parece una tontería y nosotros es algo que damos por hecho, sin embargo ella tuvo la sensibilidad de agradecérnoslo.

También me llamo mucho la atención la generosidad, que pese a la necesidad que han
pasado te ofrecen siempre su comida; me acuerdo uno de los niños de la guardería que un día me quería dar el único caramelo que le había dado su madre, ante eso te preguntas: ¿Por qué este niño que tiene para comer y poco mas, te ofrece su caramelo? Y todos esos detalles los comparo con el mundo en el que vivimos y te das cuenta que muchas veces con poco la gente es más feliz que con mucho.
                                                      Carmen G.

Mi experiencia en Tánger...

 Ha sido la  mejor experiencia de mi vida, aunque también una de las más duras.

Me siento totalmente realizada y lo más importante con ganas de volver para poder seguir aportando mi pequeño  granito de arena


Las personas siempre tendemos a poner ciertas expectativas en todo, y este caso la realidad ha superado todo.


 Me ha costado volver a la realidad, el choque emocional ha sido enorme.


 Lo más importante para mi han sido esas siete niñas que han hecho sonreír, llorar, querer. Siento la necesidad de volver a verlas.

                                                                                 Esther N.

Mi experiencia en Tres Isletas- El CHACO

La experiencia en Tres Isletas, por supuesto y sin ninguna duda, la mejor de mi vida. Es difícil expresar aquí lo que siento, lo que he aprendido y lo que extraño a toda esa gente. Hacen que les quieras hasta el punto de volverse imprescindibles para mí. Necesito volver, necesito estar con ellos.



Destacado ... la cercanía a la gente. Nos involucramos en sus vidas mucho más allá del Centro y llegamos a un punto en el que nuestra vida por las tardes transcurría en las casas de esas personas que eran felices de poder compartir con nosotras un poco de mate mientras se desahogaban y ... nos contaban sus difíciles historias.



Las dificultades, al principio siempre es difícil el choque cultural y mucho más difícil aún la realidad que viven. Es dura, cuesta y da ganas de desvanecerse, pero aprendimos a sacar la fuerza suficiente para que no sintieran lo duras que eran sus vidas y ya al tiempo todo fluía, todo iba sobre ruedas y allí éramos felices. Ojala pudiéramos volver mañana mismo…

En relación  a la Comunidad religiosa de Jesús-María: Mª Alcira, Mirían, lucía... lo que me sale es GRACIAS! Gracias por demostrarnos que se puede dar la vida de uno mismo por la de los demás. Las quiero y las echo en falta en mi día a día, en las comidas de cada domingo… en todo!



... Iba con la idea de dar todo de mí y vuelvo habiendo recibido más de lo que nunca podría haber imaginado. Solo puedo agradecer esta oportunidad, ha sido la mejor experiencia de mi vida y espero que no termine aquí. Siempre me sentiré involucrada con Tres Isletas.



...  he aprendido a valorarlo todo, a ser consciente ya no solo de lo que tengo, sino de la inmensa suerte que es tener una familia que me quiere, un techo bajo el que dormir y un plato de comida. Ahora lo valoro todo, todo.

Destaco por encima de todo el amor de la gente, la satisfacción que produce interiormente saber que allí hay gente que nos quiere de corazón. Solo de pensarlo, de recordar… me dan ganas de llorar.

                                                                         Lara L.

MIS MEMORIAS DE ÁFRICA

Me gustaría saber cuántos de los que estáis leyendo esto ahora habéis pensado alguna vez “Yo un verano de estos, me iré de voluntario a África”.
Imagino que quería empezar esto así. Nada especial, supongo; simplemente es que así empezó mi historia. “El verano que viene, el verano que viene me voy”; y cuatro años después, llegó el verano, y me fui.

No me dí cuenta de lo que empezaba hasta que me vi sentada en un avión, rumbo a un continente que nunca había pisado, con destino a un país del que todo lo que había podido leer eran las pocas noticias que encontré en Internet dos semanas atrás, y alguna experiencia de algún amigo que fue antes que yo; historias de carreras en moto-taxi, de selva y de pescado a la brasa. Es todo lo que sabía. Eso, y que iba a vivir un mes en Yaoundé con mi mejor amiga, en una casa de de las religiosas de Jesús-María, echando una mano en un colegio y en un hospital, con unas fechas y unos objetivos bastante difusos.
...
Nuestra historia empieza en un colegio de la capital, en un barrio a las afueras, donde estuvimos las dos primeras semanas.

La mejor parte de nuestro trabajo en ese cole incluía todos los juegos en el recreo, los partidos de baloncesto, los talleres de hacer pulseras, los bailes…
También las clases de matemáticas. Clases de refuerzo, voluntarias. Me sorprendió la cantidad de alumnos que tenía en clase cada día, justo después de acabar las colonias. A veces pienso cuánta gente habría ido a unas clases voluntarias de matemáticas en verano en Madrid… No creo que llegara a la mitad de los niños que tenía yo en clase.

Pasaron los días y nos encontramos en uno de los mejores hospitales de Yaoundé, viendo cómo cada mañana las ambulancias bajaban a la ciudad y volvían cargadas de agua para llenar los depósitos subterráneos y que así, pudiera uno lavarse antes de entrar a quirófano. Si alguien no se cree que un hospital pueda funcionar sin agua corriente, que vaya allí y lo compruebe.
... yendo de consulta a quirófano, de quirófano a maternidad, y de maternidad otra vez a consulta, nos bastaron para sorprendernos de la enorme prevalencia de SIDA que tiene el país, y para comprobar de primera mano lo que significa un sistema de “sanidad privada”. Allí el estado sólo financia los anti-retrovirales contra el VIH; el resto, todo lo paga el paciente. Y cuando digo todo, es que tiene que pagar por adelantado hasta el par de guantes que vamos a utilizar para la exploración. Al que no paga, no se le atiende. Allí las cosas funcionan así…

Pero en nuestro viaje, no todo fue trabajar. Si Camerún se ha ganado el apodo de “África en miniatura” por su riqueza paisajística, no íbamos a quedarnos nosotras sin comprobarlo. Visitamos Yaoundé, los pueblos de alrededor, escalamos montañas, navegamos ríos, y viajamos a la costa para ver las playas tropicales de Kribi. Ese tipo de cosas que no se pueden dejar de hacer en estas situaciones. Vimos zonas más pobres, más ricas, de selva, de sabana, pueblos o ciudades. Turismo. Un turismo diferente.

Y así, entre viajes, juegos, hospitales y paseos por el barrio, te das cuenta y te tienes que volver a Madrid. Y vuelves, porque todo lo bueno se acaba, pero no vuelves igual que te fuiste. En tan sólo un mes te has dado cuenta de que se puede vivir de otra manera. Con sus pros y sus contras, como todo. Con menos de lo que estamos acostumbrados en el “primer mundo”; con otra organización, otras prioridades, otras formas de conseguir lo que uno quieres. Y sentada de nuevo en el asiento de un avión, con la sensación de haber recibido mucho más de lo que he dado, me preguntaba si sería capaz de coger lo bueno de esa “nueva forma de vida” que me habían enseñado en Camerún, e integrarla en mi rutina de estudiante europea.
Aún ahora lo sigo intentando.


María A

... aquellas miradas, las sonrisas y los abrazos


“Si tuviera que definir en pocas palabras mi experiencia en Tres Isletas, me quedaría con las personas, con el esfuerzo y el trabajo que hacen en el Centro Comunitario para que todos, niños y mayores, tengan una vida mejor. Aún cuando cierro los ojos puedo ver aquellas miradas, las sonrisas y los abrazos, que a lo largo de este mes he dado y recibido, y me han dado la fuerza para mantener la alegría a cada momento. Me llevo mucho amor y mucha vida.”

                                                          María G. voluntaria, jm

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Miradas que dejan huella...

“Tengo sus fotos sobre mi escritorio, y cada día vuelvo a contemplar sus caras, en apariencia tan corrientes, como la de cualquier otro niño de cualquier otro lugar del mundo, pero ahora conozco sus nombres, sus historias, sus familias, y eso lo cambio todo. Me ha cambiado a mí.”.  Cristina

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“Durante el tiempo que allí estuve, pude descubrir la capacidad de entrega a los demás de todas esas personas que anónimamente deciden querer mejorar aunque sea solo un poquito las condiciones de vida de ese pueblo olvidado y castigado del Caribe. Voluntarios/as, religiosas, y muchos vecinos/as que fuimos conociendo poco a poco y que nos fueron enseñando a sacar partido y apreciar lo poco que tienen.”.  Nico

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“En Haití mi mirada fue distinta, tuve la mirada de unos ojos que buscaban más allá de lo materialmente visible, que querían llegar a la esencia de las cosas y sobre todo, al corazón de las personas y en esa búsqueda, apareció Dios. Antes de ir, no sentía a Dios, en Haití dejé mi corazón libre, no puse límites, era una persona nueva que había dejado todo al partir y estaba dispuesta a empaparme de vida. Y apareció y entró en mi corazón, sintiéndolo muy cerca y llenándome de satisfacción por todo lo que vivía, continuamente me sorprendía, continuamente eran sensaciones nuevas o sentimientos que desbordaban mi corazón.”.  Eva

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“De manera individual hemos trabajado cada mañana con un grupo de niños con los que hemos aprendido y disfrutado de lo lindo. Precisamente ahí, en esas pequeñas distancias es donde hemos descubierto la realidad de Cardona, porque lo que más nos ha llamado la atención y lo que más nos ha tocado el corazón no ha sido lo que hemos visto, la apariencia, lo que hemos tenido delante de nuestros ojos; sino lo que se ha dejado entrever, lo que hemos ido descubriendo, lo que ha ido brotando espontáneamente de cada niño y ha querido compartir, lo que a pesar de la normal apariencia clamaba al cielo… ¡Dios mío! ¡cuánta inocencia rota a golpe de injusticia!, ¡cuánta historia de abandono y soledad!, ¡cuanta historia de no saber si se está mejor en casa o lejos de ella!, ¡cuanta historia de “orfandad” teniendo a los padres en casa!, ¡cuánto rugir de tripas de viernes a lunes!, ¡cuánto deseo de recibir un beso, un abrazo, una mueca de complicidad!, ¡cuanta necesidad de sentirse importante, al menos para una persona en este mundo!, ¡cuanta historia desgarradora contada en primera persona por los propios niños!.” Pedro y Reyes
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“Me costó un año decidirme. Un año duro, lleno de tensiones y emociones. Al igual que otras tantas personas que viven en la gran ciudad, con ritmos de vida estresantes, no me libré de padecer de ansiedad. Pese a todos mis esfuerzos y de poseer todas las cosas del mundo: novio, amigos, familia, trabajo, dinero… no lograba recuperarme.
Mi mente, mi cuerpo, mi alma, sentían un profundo vacío en su interior, incapaz de satisfacer. A partir de ese momento volví a nacer, a sentir el día a día, a disfrutar del amanecer y de las pequeñas y simples cosas, tan sencillas ellas, que te llenan de felicidad.” Zaloa
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¡Cada día allá es un regalo, listo para compartirlo con los demás, esperando que les guste. Pero siempre se queda pequeño al lado del que ellos me entregan. La desproporción entre ambos en tan considerable… que una queda impresionada.” Myrian 

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Hoy día de Sábado Santo, el día del “eclipse” de Dios, el día que desde siempre me angustiaba por que era un terrible día “sin Dios”, (a pesar de tener la conciencia de la Resurrección y la esperanza de la Pascua), me resulta más fácil pensar y valorar la presencia de Dios, tengo un rato de tiempo y de nuevo unido a la vivencia de estos días de Pascua y a la búsqueda de sentido del dolor en el mundo, Haití se hace presente.
Haití… Jean-Rabel en concreto es, ahora en la distancia, un lugar de estabilidad para mí, de facilidad para reconocer la cercanía de Dios, de relaciones personales más sencillas y profundas, de sentimiento de valía personal, de estímulo laboral y profesional, de rendimiento de todas las capacidades…”  Loli

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“Después de la experiencia, comienza un proceso largo de digestión, se desdibujan algunos recuerdos, pero ALGO permanece… respuestas que formulamos a preguntas como ¿por qué aun cuando estas personas viven con esa pobreza siguen acogiendo como nadie y son capaces de sobreponerse mirando con esperanza? ALGO debe haber en sus corazones que despierta los nuestros.” Estíbaliz y Fernan

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“Ha sido un tiempo de aprendizaje: el corazón se vuelve humilde. Das gracias por el sol, por la vida y por el pan. Te das cuenta de la importancia de la fe, sin ella, no podrías mantenerte en pie allí. Te das cuenta de que aquella señora es más rica que tú, porque dispone de sencillez, de humildad, de fe y de fuerza, mucha fuerza para seguir adelante.
…Es un regalo que yo no puedo más que indicar dónde está e invitaros a conocerlo. Es un giro en tu vida, en tu interior. “ Ana María
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“La situación de Haití es un bochorno para el mundo, para todos, para mí. Es la nada en medio de ninguna parte, no interesa a casi nadie porque de allí poco se puede sacar y nos da lo mismo cómo vivan sus habitantes. No hay que pretender trasladarles nuestros modos, sino humanizar su durísima vida. Lograr su sonrisa, engrandecer su dignidad.
Haití ha reforzado mi convicción de que no puedo seguir en la educación sin remover las conciencias y el compromiso de tantos jóvenes a mi cargo, gobernantes del futuro.
Me ha persuadido, aún más, de que se necesitan pocos bienes materiales para sentirse bien y me ha certificado que la convivencia pacífica sólo se logra con generosidad.”
Miren
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“A veces la palabra gracias se queda pequeña para el cariño que recibo de ellos, la tristeza de mis despedidas cuando Amadeo, el día antes de irme, me dice: ojala llueva mañana… porque cuando llueve en el Barrio nadie puede irse a ningún lado. Amadeo no sabe que los aviones no temen la lluvia.” Susana

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“Haití entra por los sentidos, la mirada, el olfato, el gusto, el oído y el tacto! La mirada porque no sabes nunca hacia donde enfocarla... porque ellos te miran a ti con la misma sorpresa y curiosidad que tú a ellos, porque la pobreza y la miseria de muchos tienes que mirarla muchas veces para hacerte consciente de que es real... La mirada por los maravillosos paisajes que encuentras, sus playas, las palmeras, los arboles tropicales, los cangrejos que atraviesan la carretera, las mariposas amarillas y verdes que salen de los charcos del camino... El olfato ante la basura que se va pudriendo por el campo, por las calles mezcladas con el barro que nunca acaba de desaparecer... ante los puestos de carne y pescado del mercado donde se exhiben las cabezas de los cabritos junto con sus intestinos, los muslos y las patas de pollo... El gusto por los frutos de temporada que aquí son un manjar: los mangos que caen de todos los árboles y hacen que la gente tenga al menos algo que comer. El oído se agudiza con la banda que tenemos en el Ayuntamiento, justo detrás de casa y que no para de tocar (Nazaret dice que es que no tienen otra cosa que hacer durante el día) y que tienen un trompetista penoso y un repertorio de una sola canción que repiten hasta la saciedad. El oído por los cantos del coro de la Parroquia que se reúne casi a diario para preparar la celebración dominical (una misa de 3 horas que comienza a las 6:30 para que no haga demasiado calor)... El oído porque lo tienes que aguzar para poder comprender las pocas palabras de creol que vas aprendiendo, y casi te sale una sonrisa cada vez que descubres que has podido comprender algo de lo que hay dicho. Y el tacto, la caricia, el contacto de los niños en los juegos, de los pequeños a quienes coges en brazo y no extrañan... el tacto de su pelo trenzado o de una piel parcheada por el polvo que se pega por el sudor. Si, realmente Haití entra por los sentidos.” Arantxa

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“Cada día se vive con la “ansiedad”, la de quien no se quiere perder ningún gesto ni detalle… y me encuentro con que muchas son las miradas que hablan o quisieran expresar pero no saben cómo hacerlo y a la vez… siento que lo dicen todo. No quiero dejar de escuchar todas esas palabras, que aparentemente, parecen que nada dicen y que a la vez lo esconden todo. !cuánta vida … tanta vida!! Siento que he sido testigo directo de la cara y la cruz de sus vidas.”  Carmen